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Kemakulo

mas que una salsa picante es una idea, una idea loca, de estas que nacen en un garaje de casa o de una charla entre amigos tomando una tapita en un bar.

En los ochenta Don Enrique viaja a Asia y dedica buena parte de su viaje a Tailandia donde explora su pasión por la comida asiática y sobretodo del picante. Durante este viaje aprende mucho de la cocina local y conoce los secretos del picante...

De vuelta a Berlín, el músico y artista multivalente no consigue relajarse.

Le resulta difícil quedarse en un sitio y así prepara su "Indian"del año 1930, cargándola con las pocas cosas que se puede llevar con una moto para un largo viaje que le llevará hasta la punta más extrema del sur Europa. 

Tarifa será la ciudad que le conquistará el corazón y donde pasará los próximos veinte años hasta el día de hoy. Una finca en el medio de uno de los parques del estrecho será su hogar durante todos estos años y precisamente será aquí, en su huerta, donde empieza a cultivar literalmente la pasión por

los chiles...


En especial los habaneros son los que más le gustan. Crudos, cortados sobre una rebanada de pan macho y una buena cerveza mirando el valle desde el porche de su casa, que con tanto trabajo él mismo restauró. Ladrillo a ladrillo. 


Jamás hubiese pensado que un día su pasión por los chiles fueran su misión de vida. Sí, porque esto es lo que es. Una misión.


Como artista su vida es movida, las pasiones son muchas. La fotografía, las artes audiovisuales, el hierro y las construcciones cinéticas. Y los chiles.

Siempre y en todo hay un punto en común: el amor por el detalle.  Y este detalle también lo busca en las mezclas de los ingredientes, especias, etcétera, cuando día, tras día evoluciona su búsqueda por la receta perfecta. La receta de Kemakulo


Todo empezó casi de broma cuando Don Enrique saca de su bolso, estilo "postman" un pequeño envase con una salsa que siempre le acompaña y que suele ponerse en dosis pequeñas sobre las tapitas que entre amigos se piden en uno y otro bar de Tarifa. Especialmente uno fue el sitio donde quizás mas que en otro todo empezó. El Frances. Un pequeño sitio de tapas donde desde siempre se reúne con sus amigos para hablar de arte, gente, y donde reparado del levante se disfruta de una horita tranquila 


En estos días fue cuando todo tomó forma y en principio fue un amigo y luego mas y mas que le pedían un bote de este elixir mágico. Al final tuvo que rendirse y organizarlo bien. Ya no era bastante cocinar los chiles de su huerta para satisfacer a  tantos conocidos.


Desde entonces ha pasado mucho tiempo y Kemakulo se ha convertido en un mito. Desde el campo de Tarifa ha conquistado las cocinas mas refinadas y viaja como si fuese una película hollywoodense hasta los rincones más

remotos del mundo (ja ja ja)


Los envases se coleccionan y se venden en e-bay ya que hay etiquetas con ediciones limitadas. Ya, porque Don Enrique nunca dejó de ser un artista y que mejor para presentar sus fotografías, si no un bote de Kemakulo...


Buen provecho

Marco Palatini (Cafe Azul Tarifa)